viernes, 12 de diciembre de 2008
Todos los días pueden ser Navidad
Y ese buen ambiente, esas buenas vibras parece que se continúan por varios días. Tal pareciera que hay algo mágico en esos días, como si Harry Potter hubiera hecho algún encantamiento: todos tratamos de estar de buen humor, tratamos de disculpar a los otros. Como que damos lo mejor de nosotros mismos y los otros también dan lo mejor de ellos mismos. Hasta nuestros jefes parece que nos dejan descansar un poco esos días y nos dejan de tirar mala onda y ni quien se acuerde de los exámenes reprobados, de las malas calificaciones o de los amigos “que ya sabes que no me caen nada bien”.
¿Has pensado que pasaría si la magia de esos días se prolongara durante todo el año? Yo creo que nuestra vida y nuestro mundo serían completamente distintos. Ahora que estamos tan afectados por todo lo que ha pasado en Nueva York con los actos terroristas, sería bueno pensar algo por mejorar el mundo, ¿no crees? Espera, no quiero que te vayas de Anti – global o que la hagas de kamikaze. No. Basta simple y sencillamente que nos decidamos a dar lo mejor de nosotros todos los días, a prolongar por todo el año el buenérrimo ambiente de la Navidad. Cierto que no es cosa fácil, pero lo podemos ir ensayando todos los días. No nos va a salir a la primera, pero lo bueno es que ya sabemos cómo hacerlo. Poner tu mejor cara, disculpar los errores de los demás, pedir las cosas por favor, tratar de no criticar a nadie. Bueno, para que seguir. Hay una lista enoooorme de cosas que sabemos muy bien que se pueden mejorar.
De ti depende que la magia continúe. Cierra los ojos. Imagina una Navidad eterna. ¿Te gustaría? Ahora... abre los ojos y ponte en marcha. ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!
jueves, 4 de diciembre de 2008
Longanimidad: alarga el corazón para esta Navidad
Esta virtud nos sabe más a platillo de cocina o a tacos de la esquina, que a alimento espiritual. Sin embargo, la longanimidad es un fruto del Espíritu Santo que nos ayuda a vivir con grandeza y constancia de ánimo en medio de las dificultades cotidianas. Nos invita a tener un espíritu magnánimo y bondadoso aún a pesar de las tribulaciones.
Nosotros debemos suplicar constantemente a Dios: ¡danos un corazón grande para amar! Lejos del espíritu cristiano las almas mezquinas y apretadas.
Las dificultades económicas y sociales de este año seguramente han repercutido en nuestro entorno familiar, por ello la longanimidad nos ayuda a prepararnos para esta Navidad. A este respecto escribía san Pablo a los primeros cristianos: “más aún: nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza; y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (cf. Rm 5,5). Por ello, esta Navidad económicamente difícil, ensancha tu alma y no dejes de ayudar a alguna obra de caridad: un orfanato, un hospital, una asociación que lucha contra la discapacidad, etc. Acrecienta también su Navidad. Eso puede hacer la diferencia.
No es suficiente agigantar tu corazón sólo en una ocasión. La constancia forma la virtud. Los gimnastas para conseguir la elasticidad de sus brazos y piernas se entrenan día tras día. Hoy un poco, mañana un poco más, hasta lograr una extraordinaria flexibilidad. Por ello empiezan desde niños. Así también los adultos debemos aprender de nuestros niños que por naturaleza son de espíritu más grande que nosotros.
Los años pasan, el ceño se frunce, nos hacemos roñosos, se arruga la piel y se arruga el corazón. Así que para evitar los desgarres y calambres espirituales necesitamos ejercicios de maleabilidad para el alma.
Por ello, este Adviento incrementa la ayuda y el perdón en la familia. Márcale al hermano con quien estás peleado. Escríbele a tu padre si se encuentra lejos. No dejes de visitar al abuelo. Platica con tu hijo aunque sea un descarriado. Reconcíliate con Dios si lo has abandonado. No te sientes a comer el pavo si todavía hay alguno con quien no te hayas reconciliado.
En 1948 había un hombre llamado Giovanni, tenía varios hijos, era labrador y vivía en condición extrema de pobreza. Su única posesión era media vaca. ¿Media vaca? Sí, pues la tenía a medias con un dueño, del que era aparcero. Su aspiración, por necesidad vital, era ser dueño exclusivo de una vaca. En una carta del 19 de marzo del mismo año el hermano, que estaba al corriente de su situación, le mandó 50.000 liras para cubrir otra urgencia improrrogable y le comentó: “por lo que se refiere a la vaca, ya te dije una vez que no te preocupes. Yo me encargaré del asunto. No hace falta que te diga más, pues tú me sabes comprender”.
Angelino, que así le llamaban, cumplió con su hermano y el 7 de agosto de 1948 le mandó otra carta diciendo: “adjunto, para tu consuelo, un cheque por 150.000 liras, como precio de tu vaca, que antes poseías a medias. Este cheque ya está pagado. Es decir, ya no estás en deuda. Asumir yo toda esta carga me cuesta un poco, como te dije de palabra, pero la Providencia se ocupará de ti y de mí”.
Angelino, Angelo Roncalli, 10 años más tarde llegó a ser el Papa Juan XXIII. Un hombre, ya beatificado, al que todo el mundo recuerda como el “Papa bueno”. Toda su vida practicó la virtud de la longanimidad y Dios lo premió. Porque Dios bendice a las almas grandes y ama a las que dan con alegría.
domingo, 30 de noviembre de 2008
Comienza el Adviento - Oración a Nuestra Señora del Adviento, de los Brazos Vacíos

Señora del Adviento,Señora de los Brazos Vacíos,también nosotros estamos preñadosde esperanzas y sueños.Soñamos con que el canto de las avesno vuelva a ser turbado por el ruido de las balas.Soñamos con nuestros niños sin temores,cantando al fruto de tu vientre ya cercano.Soñamos con los niños hispanosdurmiendo tranquilos al arrullo de un villancico.Soñamos que nuestros viejos mueren tranquilos y en pazmurmurando una oración.
Soñamos con que algún díapodremos volver a tener sueños y utopías y esperanzas.
Señora del Adviento,la de los Brazos Vacíos,visítanos como a tu prima.Monta tu burrito y ven presurosa.Nuestros corazones son pesebres huecos y fríosdonde hace falta que nazca tu Hijo.Ven, Señora, con tus gritos de partoa calentar nuestros corazones,a seguir tejiendo esperanzas con nosotros,como lo hiciste con Isabel.Solo así, en medio de la nocheiluminada por tus brazos ahora llenosy por tus pechos que amamantan,podremos volver a soñar...podremos gritar ¡Es Navidad!
martes, 18 de noviembre de 2008
Benedicencia, la virtud ausente del diccionario
La palabra benedicencia es la gran ausente del diccionario. Si intentas escribirla en tu computadora en un documento de texto, inmediatamente te la corregirá cambiándola por beneficencia. Si insistes, te la subrayará en rojo como un error. Pero el verdadero error consiste en que existiendo el término que indica el vicio, maledicencia, no aparezca el vocablo que indica la virtud.
La benedicencia radica fundamentalmente en hablar bien de los demás. Sin embargo, no se limita sólo a eso. Por un lado, esta virtud nos invita a silenciar los errores y defectos del prójimo, por otra parte, nos estimula a ponderar sus cualidades y virtudes.
Jesucristo nos exhortó a la vivencia de esta virtud cuando dijo a sus discípulos: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odian, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen” (Lc 6,27-28). La enseñanza del cristianismo no consiste en no odiar, no maldecir, no dañar. Por el contrario, el Maestro nos invita a trabajar en positivo: Amad, bendecid, rogad.
Para vivir la benedicencia es necesario promover los comentarios positivos dentro de la familia. Varios de los conflictos dentro de la familia surgen de alguna palabra hiriente, de frases irónicas o comentarios negativos, etc. La influencia que recibimos de algunos medios de comunicación nos puede inducir a comportarnos de esta manera. Basta encender la televisión para ver cómo se insultan los miembros de distintos partidos políticos, cómo se exageran los errores y defectos de los demás. El 90% de las telenovelas nos muestran cómo surgen las intrigas familiares, en muchos casos debidas a la mentira, a la calumnia y a la difamación.
Se puede crear un ambiente muy positivo si al llegar de la escuela los hijos, en lugar de criticar a sus maestros del colegio, comentaran aquello que han aprendido ese día de ellos. Si la esposa recibe a su esposo, no con una queja por llegar tarde a comer, sino con un saludo cariñoso. Si el esposo al regresar de sus compromisos, comentase los proyectos que tiene en su trabajo y no los defectos que tienen su jefe o sus empleados. Hablar bien no significa mentir, no significa adular, comporta más bien reconocer las cualidades y virtudes de los demás.
Es importante silenciar los defectos de los demás. En algunos ambientes el chismorreo es la comidilla de todos los días. Esta es la influencia que recibimos diariamente gracias a las “revistas del corazón” y a ciertos programas televisivos que únicamente buscan ventilar las intimidades de los otros. El hombre que domina su lengua es un hombre perfecto, nos dice el apóstol Santiago. Al mismo tiempo, nos advierte que la lengua, aun siendo un miembro muy pequeño, puede ser fuego que incendie el ambiente o un veneno mortífero. Y termina diciendo que no podemos con la misma boca bendecir a Dios y maldecir a los hombres. (cf. St 3,1-12).
Si un día se quemó la cena o no estuvo a tiempo, podemos silenciar este defecto y agradecer a la persona que la preparó. Si mi hermano reprobó 2 materias en el colegio, no tengo por qué irlo pregonando a todo el mundo, más bien podría comentar las materias en las que le ha ido bien. Y si no tengo nada bueno que decir, lo mejor es callar. Silenciar los errores no significa hacerse de la “vista gorda”, más bien estipula que se comente algo sólo con quien puede poner solución al problema. No significa aprobar los errores y defectos: se busca más bien combatir el error, pero al mismo tiempo conservar la buena fama de quien lo comete.
En una ocasión un penitente se acusó de haber difamado a una persona. El sacerdote le pidió que antes de darle la absolución fuera al día siguiente con una almohada de plumas a la iglesia. Ese día subieron los dos al campanario y el sacerdote le pidió que destruyera la almohada. Al momento las plumas se esparcieron por toda la ciudad. El sacerdote le hizo ver que eso mismo sucedía con la maledicencia y la difamación, no se sabía hasta dónde podían llegar y no había manera de detenerlas o de resarcirlas. A partir de ese momento, después de la absolución, se comprometió a tratar de vivir todos los días la virtud de la benedicencia.
¡Vence el mal con el bien!
viernes, 14 de noviembre de 2008
La vida eterna ¿Qué es?
No nos encaminamos hacia nada más, se trata sólo de esto. Pero después Agustín dice también: pensándolo bien, no sabemos en absoluto lo que deseamos, lo que quisiéramos concretamente. Desconocemos del todo esta realidad; incluso en aquellos momentos en que nos parece tocarla con la mano no la alcanzamos realmente. “No sabemos pedir lo que nos conviene”, reconoce con una expresión San Pablo (Rom 8, 26). Lo único que sabemos es que no es esto. Sin embargo en este no saber sabemos que esta realidad tiene que existir. “Así , pues, una sabia ignorancia (docta ignorantia)”, escribe. No sabemos lo que queremos realmente; no conocemos esta “verdadera vida” y, sin embargo, sabemos que debe existir un algo que no conocemos y hacia el cual nos sentimos impulsados.
Pienso que Agustín describe en este pasaje, de modo muy preciso y siempre válido, la situación esencial del hombre, la situación de la que provienen todas sus contradicciones y sus esperanzas. De algún modo deseamos la vida misma, la verdadera, la que no se ve afectada ni siquiera por la muerte; pero, al mismo tiempo, no conocemos eso hacia lo que nos sentimos impulsados. No podemos dejar de tender a ello y, sin embargo, sabemos que todo lo que podemos experimentar o realizar no es lo que deseamos. Esta “realidad” desconocida es la verdadera “esperanza” que nos empuja y, al mismo tiempo, su desconocimiento es la causa de todas las desesperaciones, así como también do todos los impulsos positivos y destructivos hacia el mundo auténtico y el auténtico hombre. La expresión “vida eterna” trata de dar un nombre a esta desconocida realidad conocida.
Es por necesidad una expresión insuficiente que genera confusión. En efecto, “eterno” suscita en nosotros la idea de lo interminable, y eso nos da miedo; “vida” nos hace pensar en la vida que conocemos, que amamos y que no queremos perder, pero que a la vez es con frecuencia más fatiga que satisfacción, de modo que, mientras por un lado la deseamos, por otro no la queremos. Podemos solamente tratar de salir con nuestro pensamiento de la temporalidad a la que estamos sujetos y augurar de algún modo que la eternidad no sea un continuo de días del calendario, sino como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería el momento de sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo –el antes y después- ya no existe. Podemos únicamente tratar de pensar que este momento es la vida en sentido pleno, sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez estamos desbordado simplemente por la alegría. En el Evangelio de Juan, Jesús lo expresa así: “Volveré a verlos y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría” (16, 22). Tenemos que pensar en esta línea si queremos entender el objetivo de la esperanza cristiana, qué es lo que esperamos de la fe, de nuestro ser con Cristo.
lunes, 20 de octubre de 2008
Felices los afligidos porque serán consolados.
Juan Pablo II
Esta es una promesa de Jesús a todos los que sufren. El simple hecho de sufrir ya mueve a compasión al corazón paternal de Dios; pero la felicidad y el consuelo que promete Jesús son, sobre todo, para los que saben sufrir, los que saben que el sufrimiento no es un castigo sino una oportunidad de abrir más el corazón a Dios.
Todo hombre pasa por el sufrimiento; lo importante es pasar como Cristo: amando, perdonando, dándose a los demás.
Cristo está con nosotros para darnos las fuerzas y abrirnos caminos más allá de nuestras lagrimas.
Oración
Padre todopoderoso, remedio de todos los males, concédeme sentir la seguridad de tu presencia en mí.
Padre bondadoso, tú que eres la fuente de todo bien, tranquilizame en tu amor, ayúdame a comprender que en cada cruz está tu gracia; en cada temor, tu apoyo; an cada debilidad, tu fuerza.
Mirame con misericordia, alíviame en mi enfermedad y ayúdame a obtener la salud.
Contando contigo, Señor, acepto todo con alegría, por todo lo que recibo de tu bondad.
Amén.
Esto es material del MINISTERIO DEL ALIVIO. Este ministerio es el que practico en mi comunidad.
Un saludo y espero que les haya gustado
miércoles, 15 de octubre de 2008
Oración por la comunidad.
jueves, 2 de octubre de 2008
XXXIV Peregrinacion juvenil a pie a Luján.
En esta oportunidad quiero dejarles una pequeña reflexión y una oración a Mamá María que es la anfitriona de este fin de semana.
Pido oración por todos aquellos caminantes que se acercaran a la Virgen este sábado 4 de octubre.
Lectura: Evangelio según San Lucas Lc. 1, 26-38
“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María.
Llegó el ángel hasta ella y le dijo: <<>> María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo.
Pero el ángel le dijo: <<>>
María entonces dijo al ángel:<< ¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen? >> Contestó el ángel: <
Dijo María: <<>>
Después la dejo el ángel.”
Para reflexionar:
Recordamos los gestos de la Virgen María en este evangelio y los unimos al lema que este año nos llevara, como pueblo, a sus pies en la Peregrinación Juvenil a Luján.María hace silencio y escucha las palabras que van a cambiar la vida, tanto de ella y su familia como a toda la humanidad.
Ella afina sus oídos para recibir el mensaje de Dios.
Hoy Dios se acerca a nosotros, inmersos en el ruido de la rutina y de los compromisos diarios, queriéndonos dar un mensaje.
Tenemos este modelo de escucha de María para nuestras vidas, y que en el silencio de nuestro corazón suene, como en aquella visita, la voz de Dios.
“Madre, enséñanos a escuchar”
Para meditar:
Te invito a leer detenidamente, cada una de estas partes del diálogo de María con el ángel enviado por Dios. Y veas que también te hablan a vos… ¿Qué te dicen?
Alégrate, llena eres de gracias, el Señor esta contigo.
No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios.
¿Cómo puede ser esto, si yo soy virgen?
El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.
Para Dios, nada es imposible.
Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.
Y en esta parte del diálogo Dios pide una respuesta, quizás no sea inmediata, tomate un tiempo para prepararla…
¿Vos que le decís?
Bendita sea tu pureza:
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
Yo soy el camino…
Si nadie te ama, mi alegría es amarte.
Si lloras, estoy deseando consolarte.
Si eres débil, te daré mi fuerza y mi alegría.
Si nadie te necesita, yo te busco.
Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti.
Si estas vacío, mi ternura te colmará.
Si quieres caminar, iré contigo.
Si me llamas, vengo siempre.
Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.
Si estas cansado, soy tu descanso.
Si pecas, soy tu perdón.
Si me hablas, trátame de tu.
Si me pides, soy don para ti.
Si me necesitas, te digo:
Estoy aquí dentro de ti.
Si te resistes,
No quiero que hagas nada de fuerza.
Si estas a oscuras, soy lámpara para tus pasos.
Si tienes hambre, soy pan de vida para ti.
Si eres fiel, yo soy fiel contigo.
Si quieres hablar, yo te escucho siempre.
Si me miras, verás la verdad en tu corazón.
Si estás excluido, yo soy tu afiliado.
Si no tienes a nadie, me tienes a mi.
SI ERES SILENCIO,MI PALABRA HABITARÁ EN TU CORAZÓN
lunes, 22 de septiembre de 2008
La piedra filosofal
Esto que me llego al mail sobre San Francisco me pareció estupendo y los consejos que se nombran al final son mas lindos todavía. Por eso quiero compartirlo con ustedes, espero que les guste.
Cuando alguien preguntó a Kazantzaki por qué amaba tanto a San Francisco, respondió:
«Lo amo porque su alma, a fuerza de amor, ha vencido a la realidad -lo que los hombres privados de alas llaman "la realidad": el hambre, el frío, la enfermedad, el desprecio, la injusticia, la fealdad, y ha logrado transformarla en un sueño alborozado, tangible, más verdadero que la misma verdad. San Francisco había encontrado el secreto que los alquimistas de la Edad Media buscaron en vano: el secreto para transformar el metal más vil en oro puro.
Para San Francisco, la "piedra filosofal" no era algo inaccesible, fuera del alcance del hombre; para encontrarla no era necesario quebrantar las leyes naturales: la piedra filosofal era su propio corazón. Así, por este milagro de alquimia mística, es como él ha sometido la realidad, liberado al hombre de la fatalidad y transformado en él toda carne en espíritu. San Francisco es, a mi ver, el gran general que lleva las tropas humanas a la victoria más absoluta».
Hay, efectivamente, dos realidades: una efímera y otra eterna, superpuestas, y uxtapuestas. Y la mayor parte de los humanos sólo ven la más superficial.
Acercaos a un hospital. Entrad en una sala con cinco enfermos afectados de la misma dolencia. Seguramente encontraréis a tres de ellos acorralados por su propia enfermedad. A uno, resignado a ella. A otro, sereno y quizá radiante. ¿Cómo? A fuerza de alma.
O preguntaos por qué, con el mismo sueldo, dos oficinistas uno vive feliz y sin apuros y al otro no le llega la respiración al cuello. Y es que, efectivamente, la piedra filosofal existe. No es un sueño romántico. Y es de fabricación casera. ¿Que cómo se fabrica? Cada uno debe encontrar su propia receta. Pero podrían servir algunos de estos consejos:
- El primero y más importante es tener algún gran ideal para cuya consecución lleguen a importar bien poco los fracasos y las dificultades.
- Tener fe en el futuro y confianza en la vida. Asumir cada día los problemas de hoy en lugar de ponerse a sufrir anticipadamente por los que podrían tal vez llegarnos mañana.
- Tomar y vivir la decisión de pensar mucho más en lo positivo y bueno que tenemos que en las zonas negras que tendremos que cruzar. Hablar del bien; no revolver los residuos de los fracasos.
- Creer descaradamente en el prójimo y preferir ser engañado una vez por él a pasamos toda la vida desconfiando de todos (con lo que seremos perpetuamente engañados).
- Dedicarse más a los problemas del prójimo que a los propios. As! se curarán o mitigarán los dos.
- Amar sin preguntarse si nos lo agradecerán. Estar seguros de que, a la larga, incluso en este mundo, el amor acaba funcionando y también nos querrán más de lo que merezcamos.
- Despertarse cada mañana como recién nacidos. Colgar cada noche en el perchero las preocupaciones de ayer y dormir olvidándolas.
- Sonreír, aunque no se tengan ganas. Sonreír, sobre todo, si un día se debe decir algo amargo.
- Aprender de los niños, aprender de los santos.
- Dar tiempo al tiempo, sabiendo que las frutas maduran lentamente.
- No ser demasiado ambiciosos. Querer pocas cosas, pero quererlas apasionadamente.
- Recordar al menos cuatro o cinco veces al día que tenemos alma y alimentarla tanto como al cuerpo por lo menos.
- Hacer, si se puede, un trabajo que amemos. O si no, al menos, amar lo que tenemos que hacer.
- Descubrir que casi siempre los disgustos que nos llevamos son mayores que los motivos que los causaron.
- Creer en algo muy en serio. Luchar por ello. Seguir luchando cuando nos cansemos. Seguir de nuevo cuando nos cansemos de seguir.
- Recordar que, al fin de cuentas, todos los trucos son trucos y sólo sirven para ir descubriendo que será la gracia de Dios la que nos hará felices, porque ésa y no otra es la piedra filosofal.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Para divertirce un poco.
Espero que les guste. Un saludo.




